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¿Sesiones “a puertas cerradas” en la Convención? Una idea que divide aguas, Sergio Verdugo opina como experto

El pasado domingo 19 de marzo nuestro Profesor Investigador Sergio Verdugo, fue consultado cómo experto respecto «¿Sesiones “a puertas cerradas” en la Convención? Una idea que divide aguas» en Latercera.com

¿Los 155 miembros deberían implementar instancias reservadas mientras se escribe una nueva Constitución? El tema ha sido debatido por expertos y candidatos con argumentos en contra, destacando la importancia de la transparencia en todo el proceso y a favor, dado que los constituyentes podrían ser presionados por algunos sectores, trabando la posibilidad de llegar a acuerdos.

Se trata de una de las ideas que podría generar más debate en los primeros días de la futura convención constitucional: ¿Debieran existir sesiones a puertas cerradas? La pregunta adquiere importancia dado que hay sectores contrarios a cualquier espacio que signifique algún grado de confidencialidad en el proceso y otros que argumentan que estos espacios serían necesarios para realizar un diálogo honesto en la sin presiones externas.

Durante el debate constitucional, documentos como “Transparencia y Participación en el proceso constituyente, 4 claves para el debate” del Instituto de Estudios de la Sociedad (IES), escrito por los abogados Rodrigo Pérez de Arce y Catalina Tagle apuntaron a que “es razonable que el proceso cuente con elementos de confidencialidad en las discusiones de las comisiones y elementos de publicidad en las asambleas plenarias”.

El escrito explicaba: “Siguiendo a James Madison, la publicidad total obligaría a una consistencia absoluta que no permite espacios de negociación o cambio de opiniones. Para prevenir lo anterior, constitucionalistas como Patricio Zapata y Sebastián Soto u organismos como el PNUD han propuesto contar con instancias de negociación reservadas”.

Consultado, Pérez de Arce resalta que se necesita, “tanta transparencia como sea posible, “, pero que, “la transparencia total por si sola” no logrará hacer el trabajo de llevar adelante un proyecto de nueva Constitución.

Argumenta dos razones. La primera es que “ya hemos visto que hay llamados a rodear la Convención, podemos prever mucha presión sobre los convencionales, y eso va a ser un obstáculo para expresen su opinión libremente”.

La segunda, según Pérez de Arce, es la regla de que se acuerden los artículos por dos tercios de los constituyentes. “Me parece difícil que dada la lógica polarizada en la que estamos, alguien vaya renunciar a algo en público. Me explico. El reconocer que uno no va a poder llevar en adelante toda su agenda se vuelve más difícil cuando todo es absolutamente transparente”.

Además, el investigador del IES opina que “muchas veces lo que se nombra como transparencia, en verdad se refiere a participación” y que hay que pensar en mecanismos para que las personas puedan participar en el proceso, en sesiones, paneles consultivos, encuestas. “Las sociedades democráticas reclaman con mucha razón un mayor y mejor acceso a la información. Pero el exceso de datos no garantiza la vigilancia democrática, sino que se necesita además tener mediación, que es justamente lo que va a hacer la Convención”, agregó.

No solo desde el IES han estados atentos a este dilema. En diciembre La Tercera dio a conocer un documento del Consejo para la Transparencia que establecía propuestas adicionales de regulación del lobby, gestión de intereses y de acceso a la información a las ya establecidas en la Constitución para el funcionamiento de la Convención.

Su presidenta, Gloria de la Fuente, señaló en esa ocasión: “Lo que no puede pasar en esta convención es que exista una sospecha de que lo que hay son discusiones que se asemejen a la cocina, a estos debates a puertas cerradas”.

En la actualidad De la Fuente asegura que todo el trabajo a la fecha ha sido hecho pensando en ayudar a la tarea que deberá realizar la Convención una vez que se instale y facilitar el ejercicio del control ciudadano.

Y explica: “Por ello, después de elaborar el primer borrador, hemos discutido con instituciones y expertos sobre esta materia, de manera tal de recoger sus observaciones y generar un consolidado que se haga cargo de los puntos levantados. Entre ellos, la posibilidad de que haya materias que puedan ser discutidas de manera reservada o secreta, y las vías posibles de resolución para abordarlo en cuanto a causales y justificantes, que deben definir los propios constituyentes acorde a lo que dispongan en el reglamento de la Convención, en el entendido de que lo público debiera ser la regla general”.

Otra entidad que ha dado su punto al respecto ha sido Horizontal, centro de estudios ligado a Evópoli. En un texto publicado en Horizontal, Sergio Verdugo, investigador del Centro de Justicia Constitucional de la Facultad de Derecho de la Universidad Del Desarrollo, señaló que si bien son importantes los mecanismos de transparencia y participación ciudadana, “no deben impedir que existan instancias para que los convencionales puedan comunicarse entre sí de manera genuina”.

En una carta a La Tercera en noviembre de 2019 ya había planteado la idea de sesiones confidenciales. “Los beneficios de la deliberación confidencial se observan en la práctica comparando experiencias extranjeras. Así, por ejemplo, la convención de Filadelfia utilizó sesiones secretas para evitar que sus miembros no pudieran cambiar de opinión”, escribió.

A semanas de la elección de los constituyentes, Verdugo agrega a su reflexión que es necesario la existencia de que existan actas de estas sesiones confidenciales, “y esas puedan ser accesibles en algún momento después de que termine el trabajo de la Convención. Hay una transparencia ex post, lo cual es bastante útil para explicar el trabajo de la Convención”.

El factor histórico

Esteban Szmulewicz, de la Universidad Católica del Norte cree que la actividad de la Convención debe ser esencialmente pública y transparente.

Dice que “si bien en el derecho comparado han existido procesos constituyentes con ciertos grados de reserva, creo que en el marco de los desafíos de nuestro proceso constituyente, que tiene un origen muy vinculado a una falta de legitimidad y confianza hacia la actividad política y el sistema representativo, sería muy difícil justificar sesiones o espacios de reserva o confidencialidad en el marco de las actividades de y en la Convención”.

Szmulewicz repasa otros eventos históricos: “Los procesos en donde había menos publicidad, como en Alemania o España, son procesos que corresponden a otro contexto histórico y sociopolítico. Ahora bien, como ha estudiado Jon Elster (1995) (teórico político noruego), es crucial que el diseño de la Convención, en relación a la transparencia, permita un intercambio racional de argumentos, y disminuya el espacio para argumentos totalmente cerrados y sectarios, o argumentos facilistas, que muchas veces se utilizan en el debate público para encantar a las masas. En ese sentido, el diseño de la transparencia debe permitir un debate de argumentos y razones, un intercambio deliberativo.

Javiera Ascencio, coordinadora del proyecto de reglamento para la convención de Rumbo Colectivo, ligado a RD (FA) cree que no debiesen existir sesiones secretas o reservadas en la Convención. Ascencio dice que, “excepcionalmente, por causales expresamente señaladas en el reglamento, basadas en restricciones conforme al derecho internacional de los derechos humanos, podría decretarse una sesión secreta o parte de ella. Esas causales podrían decir relación con la afectación de derechos de terceros, por ejemplo, pero nunca con el miedo a transparentar las posiciones de los convencionales a la ciudadanía”, pero que “el ‘miedo a la funa en redes sociales’ no puede ser una razón para la opacidad de la Convención”.

Por su parte, Claudio Fuentes, académico escuela de Ciencia Política de la Universidad Diego Portales opina: “Creo que la opción de reuniones reservadas no tiene sentido regularla. La única excepción que haría sería en caso de que existiera algún tema que afectara la seguridad nacional. Pero al escribir la Constitución que después va a ser publica no creo que haya casi ningún tema que pueda ser considerado de seguridad nacional, por lo tanto es una situación excepcionalísima”.

Agrega que el “regular conversaciones que puedan existir privadas entre convencionales creo que es una exageración. Creo que de todos modos van a existir ese tipo de conversaciones, conversaciones informales, acuerdos informales, esa es la lógica propia de un acuerdo político, y, en mi opinión no debiese ser regulado porque eso es una sobrerregulación que a mi juicio no tiene mucho sentido”.