Menciones en la prensa

La Tercera, 30 de junio 2017

Nunca es tarde para impulsar el crecimiento

Por Natalia González, Directora Ejecutiva del Centro de Derecho Regulatorio y Empresa, Facultad de Derecho UDD.

Dice el refrán que no se valora lo que se tiene hasta que se pierde. Hasta hace unos pocos años, el crecimiento económico en nuestro país gozaba de cifras alentadoras, de las cuales nos preciábamos. Tan bien estaban las cosas, que pareció ser hora de plantear reformas profundas, las que en todo caso “no afectarían” el crecimiento. El crecimiento seguiría marchando por aquella senda natural, casi obvia, sin interrupciones, o al menos sin que éstas fueran producto de tales reformas. Los escépticos levantaron sus voces; algunos con mayor ahínco que otros, que se aproximaron con cierta timidez o pudor al tema, como si hubiera una contradicción entre crecimiento y preocupación por el gasto social y mayor bienestar. Hasta que de pronto, y sin perjuicio de los golpes externos a nuestra economía, la realidad nos mostró otra cosa.

El sucesivo declive del crecimiento vino nuevamente a evidenciarse: el Banco Central recortó la estimación de crecimiento de la actividad económica para este año. La caída en la inversión, que anotó una nueva contracción anual acumulando cuatro ejercicios seguidos con números negativos, explica en buena parte lo sucedido. Una mala noticia para el país, en tanto que la economía mundial retoma mejores ritmos de crecimiento.

Hoy parece cobrar fuerza la tesis de que debemos relevar la capacidad de crecer, como un factor esencial del desarrollo. O, a lo menos, parece haber mucho menos pudor en esta defensa. Y es que se ha vuelto palpable que el crecimiento tiene un enorme impacto en términos de mejorar el bienestar de las personas. No es el único factor, qué duda cabe, pero no podemos desconocer su relevancia. Sin crecimiento, los aumentos en la tasa impositiva no producirán mayor recaudación, necesaria para hacerse cargo del gasto social y favorecer a quienes más lo necesitan. Sin crecimiento, complejizamos el acceso al empleo, que se vuelve precario, y escasean las oportunidades para emprender -o se torna cuesta arriba- y se genera una sensación de inestabilidad e inseguridad, no deseable, en la clase media.

En este escenario cabe preguntarse, y con mucho sentido de urgencia, qué estamos haciendo al respecto. El sector privado tiene un rol que jugar y debe jugarlo. Ese es el llamado que están haciendo los líderes empresariales. En el caso de las autoridades de Gobierno ¡Qué duda cabe que buscamos señales, tanto de las actuales como de los candidatos a la presidencia! Sin perjuicio de las 22 medidas impulsadas por Hacienda y Economía en 2016 (algunas llevadas a cabo y otras con un avance más discreto), hoy es imperativo dar señales contundentes. La eliminación de trabas para la inversión debe ser un continuo. En otros casos, las señales vienen dadas por cómo se marcan los énfasis y urgencias de ciertos proyectos de ley anunciados o en trámite, que pueden estar afectando la confianza empresarial y de los consumidores. Las señales son clave y deben darse aun cuando resten pocos meses para terminar el Gobierno. Nunca es tarde cuando se trata de buscar mayor bienestar y desarrollo.

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